Este es uno de esos posts que no estoy seguro si me maravilla o inquieta.
Un equipo interdisciplinario de la Universidad de Reading en la Gran Bretaña ha desarrollado un robót. Esto en si no tendría nada de extraordinario de no ser por el hecho de que no es una computadora quien lo controla, sino el cerebro de un ratón.
En realidad no se trata de un cerebro como tal, sino de tejido cerebral cultivado directamente sobre una placa de electrodos. Este tejido, al recibir impulsos de los sensores colocados en el robót via bluetooth, rápidamente comienza a formar estructuras organizadas y a responder enviando señales de control a los diferentes motores para maniobrar en su espacio.
La meta del proyecto no es el sustituir los circuitos de control por tejido vivo, ya que los cultivos son extremadamente frágiles y no pueden sobrevivir más allá de tres meses.
Lo que esperan es entender cómo aprendemos y hasta que punto nuestras experiencias se reflejan y transforman la estructura física del cerebro.
Un miércoles de tecnología con sabor a Frankenstein.






















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Que impresión y que miedo, aquí es donde hay que comenzar a preguntarse si a los científicos que tienen el conocimiento necesario para desarrollar esta clase de tecnologías, no habría que darles lecciones de filosofía y ética intensivas para cuidar que después no se sientan dioses. El ejercicio del conocimiento requiere respeto, humildad y disciplina.
Que yo recuerde, con premisas así comenzaron las zagas de “Matrix” y “Terminator”, raza… humana, aguas con lo que andamos haciendo!
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